Thursday, September 20, 2012

ROSA: una flor por el cáncer


Alrededor del mundo el mes de Octubre se ha dedicado a la concientización sobre el cáncer de mama, esto incluye el recuerdo perpetuo de aquellas mujeres y hombres que han perdido la batalla y el grito unísono por una cura que evite que nuestras amigas, madres, hijas, nietas, sobrinas o cualquier conocido sufra por ésta u cualquier otra forma de cáncer.
Hasta ahora, la única cura que existe es la prevención, ya que todos los seres humanos  tienen la probabilidad de ser diagnosticados con alguna de las formas de cáncer a cualquier edad, aunque el 77% de los casos se presentan en personas mayores de 54 años, éste se puede presentar desde la infancia, incluso un feto puede producir células malignas. Las estadísticas indican que uno de cada dos varones y una de cada tres mujeres contraerán cáncer en algún momento de su vida, pero se estima que 14% de las veces el cáncer es potencialmente evitable.
La Organización Mundial de la Salud, estima que para  el año 2030 se podrían tener 27 millones al año de nuevos casos a nivel mundial, con una tasa de mortalidad de 17 millones. El número de casos actualmente es de 12 millones de  casos reportados y 7.6 millones morirán, por cáncer y se estima que el cáncer causa una de cada ocho decesos en el mundo, con una tasa de mortalidad aún mayor que el SIDA, la tuberculosis y la malaria combinadas.
El cáncer es causado por anormalidades en el material genético de las células y se le define como una célula que ha perdido sus mecanismos de control normales y que adquiere por ello un crecimiento descontrolado más allá de los límites normales.  Se dice entonces que el cáncer es un conjunto de enfermedades provocadas por causas físicas, químicas o biológicas, en las cuales el cuerpo comienza a generar células malignas. Todas tienen como expresión común un crecimiento incontrolado de células anormales, las cuales libradas a su propio desarrollo, conducen a la formación de un tumor que se extiende y propaga por el organismo.
Las células del cáncer se desarrollan a partir de una sola célula normal que sufre la suma de múltiples mutaciones,  en un complejo proceso denominado transformación. El primer paso para la transformación se da cuando se una célula comienza  el proceso de iniciación en el cual un cambio en el material genético de la célula la prepara para transformarse en cancerosa. 

Dicho cambio es causado por un agente llamado carcinógeno, el cual puede ser un producto químico, un virus, la radiación, o la luz solar. Sin embargo, no todas las células son igualmente susceptibles a los agentes carcinógenos.  Se puede  presentar también debido a una alteración genética en la célula u otro agente, conocido como promotor. 

En este sentido se han detectado células que aún sin tener una orden de división, malinterpretan sus propias señales. Se ha descubierto también, que incluso una irritación física crónica, pueden aumentar la posibilidad de las células para convertirse en cancerosas.
El paso siguiente es la promoción y en este paso una célula que ha iniciado su cambio se transforma en cancerosa, sin embargo, la promoción no tiene efecto sobre las células que no han sido sometidas al proceso de iniciación, de esta forma, varios factores hacen falta para que se inicie el proceso, a menudo la combinación de una célula susceptible y de un carcinógeno, nunca se presenta, y en otros casos solo hace falta esto para causar el cáncer.


Una vez que un grupo de células se expande, presiona al tejido aledaño, lo cual produce una señal química para que se detenga la división, pero las células malignas ignoran los mensajes,  este daño genético envía un mensaje de alerta donde el nivel critico se desborda y esto activa un programa que indica el suicidio celular, pero a veces el sistema inmune falla en ordenar la autodestrucción de estas células, por lo que continúan su camino.

 Para lograr sobrevivir, requerirán de oxigeno y nutrientes, por lo que buscarán los vasos sanguíneos para continuar la ramificación.



Las  células sanas no se pueden dividir más de 70 veces, pero las malignas requieren de más divisiones para producir tumores, por lo que trabajan a partir de sistemas como los telómeros que se encuentran al final de los cromosomas que permite sobrepasar el límite reproductivo. Una vez que logran irrumpir el sistema, son capaces de expandirse más allá del tejido que les dio cabida y poblar otros órganos, lo que eventualmente, si no se detiene, puede interferir en el funcionamiento de órganos vitales.
Este proceso está  marcado por la selección natural, y esto es  lo que hace tan difícil al cáncer como padecimiento, ya que a diferencia de otras enfermedades causadas por virus o bacterias, que pueden encontrar formas sofisticadas de atacar al cuerpo humano, el cáncer es un ataque de nuestras células que dañan sin control a quien las nutre, y aunque la evolución ha provisto al ser humano de medios de defensa contra el cáncer, no ha logrado eliminar todas las formas de ataque.
 El problema está es que cada célula que se divide corre el riesgo de convertirse en un célula con cáncer, pero se requieren múltiples mutaciones, las cuales con el tiempo suelen producir aberraciones cromosómicas, las cuales son generadas ya sea por sucesivos ciclos replicativos o por factores externos inductores de la carcinogénesis (químicos, físicos y/o biológicos); siendo así, en donde exista algún daño específicamente en la secuencia de genes supresores de tumores, que son los encargados de regular el ciclo celular y la muerte celular programada, que se conoce como apoptosis

Esta muerte celular es comparable a un suicidio, con el fin de preservar la integridad celular del tejido conservando en el mismo solo células sanas. Sin embargo si al final de la división, el ADN también sufre variaciones y estos cambios en el material genético de las células son, a menudo, difíciles de detectar, excepto con técnicas actuales las cuales pueden detectar un cambio en el tamaño o forma de un cromosoma determinado lo que puede indicar un cierto tipo de cáncer.
Técnicamente cualquier célula del cuerpo humano es susceptible, pero estadísticamente existen tejidos más receptivos  que otros, por ejemplo, el corazón es el  tejido más inmune, aunque no exento, una explicación es que la células del tejido cardiaco se limitan al bombeo sanguíneo y no se dividen tan frecuentemente como las células de los pulmones, la piel, la boca o los huesos.
Dependiendo del país, las estadísticas varían sobre los tipos de cáncer que se pueden presentar en una población específica, pero el cáncer de pulmón, colón, próstata y el de mama son los más comunes. Mientras que en el caso de los niños, los que se presentan con más frecuencia son las leucemias, los tumores del sistema nervioso central, retinoblastoma, y cáncer en los huesos. Debido a eso, son al mismo tiempo, los que cuentan con más tratamientos y mejor pronóstico de sobrevivencia si son detectados a tiempo. Por lo que la prevención, es la mejor cura para las enfermedades.
En el caso específico del cáncer de mama, se encuentran diversos factores de riesgo, aunque popularmente se piensa que hay una causa genética heredada, en realidad, son menos las personas con los genes BRA1 y BRA2 que las afectadas por oncogenes u otros factores, algunos de los cuales se pueden modificar, entre los factores comunes se encuentran:
-Edad: las probabilidades de tener un cáncer de mama aumentan después de los 40 años, aunque, este factor se ha visto en los últimos años que puede ser alterado, pues se encuentran mujeres entre 20 y 40 años con diagnóstico positivo de cáncer de mama.
- Genes: existen dos genes principales que se heredan de generación en generación, BRCA1 y BRCA2, que aumentan el riesgo en gran medida. Las mujeres que tienen antecedentes familiares de cáncer de mama o de ovario deben tener seguimiento médico más cercano.
En este sentido se debe hablar también de las alteraciones cromosómicas, que ocurren debido a causas no heredadas, como es el caso del oncogén HER2/neu, y  es que los oncogenes son los responsables de la transformación de una célula normal en una maligna que es capaz de desarrollar un determinado tipo de cáncer.
-Otros cambios genéticos que aumentan el riesgo del cáncer de mama incluyen mutaciones del gen PTEN (síndrome de Cowden), STK11 (síndrome de Peutz-Jeghers) y CDH1 (Cadherina-E), aunque aún hace falta mucha investigación en este sentido.
-Factores personales: entre los factores asociados a hormonas femeninas y una mayor una frecuencia de cáncer de mama se incluyen la precocidad en la madurez sexual (antes de los 12 años), la menopausia que se presenta después de los 50 años, el no tener hijos y el primer embarazo a término logrado después de los 30 o 35 años.[] Por otro lado, si la primera menstruación ocurre después de los 12 años, la menopausia es antes de los 50 años, o el primer embarazo ocurre antes de los 10-20 años que sigue a la primera menstruación, el riesgo de cáncer de mama es menor
 -Los estrógenos exógenos, que son los anticonceptivos y en especial los utilizados en la terapia de sustitución hormonal junto a la predisposición genética, constituyen los elementos de mayor peso en la aparición del cáncer de mama.
-Hormonoterapia: muchas mujeres toman este tipo de terapia para reducir los síntomas de la menopausia, pero se tiene mayor riesgo de cáncer de mama si ha recibido hormonoterapia durante algunos años.
- Factores ambientales: se ha encontrado que el tabaquismo aumenta el riesgo, al igual que el consumo de alcohol.
Otros factores:
-Parto: las mujeres que nunca han tenido hijos o que los tuvieron sólo después de los 30 años tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama. Quedar en embarazo más de una vez o a temprana edad reduce el riesgo de padecer este tipo de cáncer.
-Obesidad: la obesidad ha estado asociada con el cáncer de mama, aunque este vínculo es controversial. La teoría es que las mujeres obesas producen más estrógeno, el cual puede estimular el desarrollo de este cáncer.
-Radiación: si se recibió radioterapia cuando era niño o adulto joven para tratar un cáncer del área del tórax, existe un riesgo significativamente mayor de padecer cáncer de mama. Cuanto más joven haya sido al iniciar la radiación, mayor será el riesgo, especialmente si la radioterapia se administró cuando a la mujer se le estaban desarrollando las mamas.
Siendo así, el autoexamen mamario debería ser parte de la rutina de cuidados, al igual que cepillarse los dientes o cortarse las uñas. Esta  simple autoexploración, ayuda a aprender cómo se sienten normalmente sus mamas, a conocer las manchas, o a determinar si una mancha crece, de manera que si encuentran una protuberancia o si hay fluido que proviene del pezón es fácil saber si se trata de algo que deba ser analizado junto con su médico.
Leí en una página de Internet, que no existe ninguna evidencia de que practicarse estos autoexámenes salve vidas al detectar el cáncer de mama, de manera que si usted no se siente cómoda revisándose las mamas, no se preocupe. Pero en el caso de que se encuentre una protuberancia, una mancha o fluido, debe considerar el tiempo que transcurrirá desde que acuda con su médico familiar, hasta que pueda ser diagnosticado o descartado como un crecimiento maligno, y en el caso de HER 2, el tiempo es precioso, en solo 4 meses, una protuberancia del tamaño de un chícharo pequeño, puede crecer tanto como 10 centímetros y llegar a los ganglios linfáticos, poniendo la vida en riesgo. Es por eso que no se debe minimizar el cuidado del cuerpo, pero sobre todo, no sienta temor de acudir al médico para descartar las sospechas, recuerde que este cuerpo es suyo y que nadie más puede ser responsable de él. 

No todas las protuberancias que uno puede encontrar son malignas, a  veces son depósitos de grasa o de agua que solo es necesario drenar, pero su vida corre riesgo si no se descartan las posibilidades a tiempo con estudios médicos. La clave es la prevención.

El autoexamen de mama ha de hacerse el examen de 3 a 5 días después del comienzo del período menstrual, cuando las mamas no están tan sensibles o con menos protuberancias debido a la carga hormonal.
Para llevarlo a cabo, debe recostarse boca arriba y colocar la mano derecha por detrás de la cabeza. Con los tres dedos del medio de la mano izquierda, hay que presionar despacio pero con firmeza, haciendo movimientos pequeños para examinar toda la mama derecha. Luego, estando sentada o de pie, hay que examinar la axila, ya que el tejido mamario se extiende hasta esta área. Presione suavemente los pezones, verificando si hay secreción o coloración extraña y después se  repite el proceso en la mama izquierda.

Luego, de pie frente a un espejo y con los brazos a los lados, apoyados en la cintura, hay que mirar las mamas directamente y en el espejo en busca de cambios en la textura (piel que luce como cáscara de naranja, hoyuelos, arrugas, abolladuras),  revisando la forma y contorno de la piel o el pezón hundido. Haga lo mismo con los brazos elevados por encima de la cabeza.
 Otra buena razón para estar familiarizada con las mamas es contraer cáncer de mama inflamatorio o IBC, por sus siglas en inglés (Inflammatory Breast Cancer).  El IBC se representa entre el 1 y el 6 por ciento de todos los tipos de cáncer de mama invasivos, aunque esta estadística es de los Estados Unidos. Generalmente, tanto las mujeres como sus médicos pasan por alto al IBC, debido a que puede desarrollarse sin ningún bulto y sus síntomas pueden confundirse con una infección. Si observa cualquiera de los siguientes cambios en sus mamas, debe comunicarse de inmediato con su médico para asegurarse de obtener el diagnóstico correcto:
  •   aumento rápido e inusual en el tamaño de la mama;
  •  enrojecimiento, erupción o manchas en la mama;
  •  comezón persistente en el pezón o la mama;
  •   bultos o engrosamiento de los tejidos de la mama;
  •  dolor punzante o ardor en la mama; 
  •  temperatura elevada en la mama, como fiebre;
  •  hoyuelos o rebordes en la mama;
  • aplanamiento o retracción del pezón;
  •  secreción del pezón o un cambio en la areola (el área pigmentada alrededor del pezón);
  •  inflamación de los ganglios linfáticos que se encuentran debajo del brazo o sobre la clavícula.
Muchos de estos síntomas podrían ser pasados por alto por una mujer que no conoce bien su cuerpo. Por esta razón, es importante tomarse el tiempo para familiarizarse con cada centímetro de su físico y hacerse autoexámenes frecuentes teniendo en cuenta todos los otros síntomas y no sólo los bultos. Recuerde: nadie conoce su cuerpo como usted, de manera que usted tiene la mayor posibilidad de descubrir cambios en forma temprana y salvar su vida.

Me gustaría tener una flor rosa por cada sobreviviente de cáncer y una por cada uno de quienes han perdido la batalla, pero solo tengo el deseo de que nadie más tenga que pasar por la noticia y tratamientos, pero si deben hacerlo, ojalá tengan el fabuloso apoyo que mi mamá y mi esposo me brindaron. Gracias a ellos, hoy tengo flores que compartir.

Alma Dzib Goodin

Si deseas conocer un poco más mi trabajo, puedes visitar: http://www.almadzib.com

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